Años han pasado desde la caída del régimen dictatorial de Stroesnner, sin embargo, la ciudadanía sigue agachada. En nuestro caso, el paso del tiempo no ha curado nada, y sobre todo, no ha depurado nada.
Si bien, el ambiente político se mueve a su propio ritmo, y los cambios en ese ámbito no se darán hasta que la actitud sea rectificada, lo llamativo es que, al parecer, para que nosotros cambiemos, nuestros políticos deben cambiar. Vaya falacia!.
Mientras el sector privado ha ido dotando a la comuna de construcciones de edificios, mansiones, locales comerciales de alta complejidad, la ciudad se ha mantenido en silencio.
Es fácil recorrer Villa Morra o Carmelitas para experimentar otra Asunción. Allí, el verde es mas brillante, y el cielo es mas azul. Si usted visita la zona, podrá ver como, por todos lados, surgen decenas, si no es que centenas de edificios y construcciones modernas, algunas muy lujosas, la mayoría con un gran diseño, imaginativas, creativas, imponentes, edificios de oficinas, corporativos, grandes centros comerciales y aparatosas edificaciones, que van armando, poco a poco, un gran conjunto urbano, extraordinario, que podría estar, digna y orgullosamente, en cualquier gran ciudad del mundo.
A lo largo de las avenidas de la ciudad, edificios han surgido como hongos. Sin embargo, las calles siguen angostas y mal diseñadas, como ya lo eran hace 25 años. La gran diferencia radica en el espacio público, en el entorno o áreas comunes. Los accesos viales angostos en los que se hacen grandes atascos, carencia de metro o tren, un pésimo transporte urbano, calles llenas de baches, insuficientes, caóticas y mal planeadas, servicios públicos deficientes, que se muestran lo mismo en inundaciones en tiempo de lluvias, como en apagones recurrentes, banquetas inexistentes, carencia de estacionamientos, grupos emergentes de vendedores ambulantes, parques pequeños y sucios, áreas públicas mal pensadas. En resumen, una pobre y lamentable infraestructura urbana, por lo menos, impropia, contrastante o incongruente, con la magnitud de todas esas grandes inversiones.
Es fácil deducir que vivimos en 2 mundos, dentro de una misma ciudad. Después de todo, esta es la capital del país. De un extremo al otro, pasamos, inexorablemente, solo con un cambio de semáforo. Somos una contradicción caminante, con rumbo a la deriva, esperando el discurso salvador de algún ambicioso de turno.
Pero esto solo es el primer síntoma y ejemplo de nuestra condición. El problema se agrava si profundizamos un poco más. Un claro efecto. Resultado y muestra. Consecuencia dolorosa de los nudos de un país que no encuentra el camino, la fórmula y la ruta para despegar. Villa Morra y Carmelitas es sólo uno entre muchos casos, un buen ejemplo de cómo en este país lo particular avanza y lo colectivo se estanca. La obra individual se hace pero la obra pública no. Lo mío sí, lo de todos no.
Paraguay es como un turista sin mapa, guiado por instintos en busca de un buen lugar para comer, y sin embargo, termina estafado y robado. Quizás la única explicación, es que en Paraguay, el sentido de comunidad e interés colectivo ha sido borrado de nuestras conciencias. De otra forma, no se puede entender que todo este casi-hecho. Casi- listo. Misteriosamente paralizado. Pasmado. Un país con todo para crecer y desarrollarse, pero que no toma decisiones, no tiene un proyecto compartido, que carece de una voluntad de país, de un plan, de un gran proyecto de comunidad.
La conciencia y el sentido colectivo no existen en el léxico cotidiano. La idea de comunidad, de metas compartidas y de trabajo en común pasó de largo. El interés público, que es un concepto con muchos nombres, que comparten y enarbolan de una forma u otra, todas las corrientes y todos los partidos: bien común para los socialistas, proyecto de nación o proyecto social para los colorados, bienestar individual para los liberales.
Interés público, que es pensar en el mínimo común denominador de una nación, de una sociedad.
Ese interés público está hoy claramente vencido frente al interés particular. Sencillamente la parte por encima del todo. En Paraguay el interés público está ausente, no anda, no existe, o se mueve, o se adapta sigilosamente en función del poder, del dinero, de la gloria partidista. Interés público en venta, al mejor postor.
A todos los niveles: desde el constructor que invade una zona natural protegida, el empresario que abre un bar en una zona residencial, el negocio que elimina a su competencia, el partido político que secuestra al Congreso, el sindicato que medra con la educación, así, escalando hasta el contrabandista que mete productos chinos, el pirata que falsifica y fabrica discos, el ambulante que vende sus productos en donde se le da la gana, o el mafioso y el traficante de drogas que extorsiona y trafica con su veneno o los protectores de pederastas en el mercado 4. Todo esta infectado con la apatía y el desinterés. Paraguay puede esperar, mis intereses no.
Claro ejemplo, fue cuando la Intendenta propuso crear unos túneles que acelerarían el tránsito, crearían puestos de trabajo, y cambiarían radicalmente el panorama escueto y ordinario de Gral Santos con Mariscal López, no solo los opositores pegaron el grito al cielo, si no que los periódicos mas influyentes dentro del analfabetismo paraguayo gritaron y patalearon en contra, debido a que, según establecieron, los intereses partidarios eran la real motivación de la jefa comunal. Todo lo que pueda ser en beneficio de la comunidad, no debe ser aceptado, no puede ser aceptado, y nunca va ser aceptado, ya que si esto pasa, debo ser yo, el político de turno, el que lo haga. Mentalidad eqqus africanus asinus.
Pero la esperanza no se pierde. El talento nacional ha de llegar para cambiar la nefasta visión que nos depara. Esperemos entonces, que no pierdan el micro.
Un día de mayo de 2010.
N.A.M.P
